
Me llamaste con la mente dijiste
ique dichosa eres!
La primera vez que lo haces
y mira como vengo, sin detenerme.
Cuántas veces,
En las noches solitarias y tristes,
he implorado tu presenciaç
y no acudes al llamado.
Cuántas otras te he pensado,
Cuántas mas te he invocado.
No sabes las noches,
que en vela por ti esperé,
por tu cuerpo desnudo,
junto a mi piel.
No sabes, ni imaginar,
cuántas noches amargas
esperando la bendición de tu voz,
la dulzura de tu aroma,
el cálido de tu tez
de tu desnudez.
Mujer, mujer...
Me piensas una sola vez
y a tus pies presuroso voy.
Eso lo puedes hacer, sólo tu...
Mi querida mujer.
"Henry Almonte"


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